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El juego del Calamar y la pecera de la felicidad

El juego del calamar, la serie más vista en la historia de Netflix, enrostra las consecuencias del capitalismo descarnado. Parte de la historia real de su propio director, Hwang Dong-hyuk. Transcurre entre la desigualdad social, pese al crecimiento de Corea del Sur y liderazgos con carencias sociales y personales. ¿Cuál es el liderazgo que prevalece? ¿Es hora de echar un ojo al capitalismo consciente? ¿Es una trampa la felicidad como consumo?

LA PECERA DE LA FELICIDAD

El capitalismo ha hecho mucho por la humanidad, pero se ha practicado con baja conciencia» Raj Sisodia, uno de los fundadores del capitalismo consciente. 

El juego del calamar, dirigida por Hwang Dong-hyuk, manifiesta la desesperación económica de un grupo de personas que habitan Corea del Sur y el resultado de una elección. Se lo convoca a jugar. Todos jugadores elegidos desde su fragilidad, vulnerabilidad y desasosiego por asfixias económicas, extremas. Se ofrece una propuesta rápida, lúdica y perversamente tentadora. Dinero ya. El pensamiento mágico como antesala a la tragedia individual. Trampa mortal. Detrás de la idea, “un líder” y el uso del poder desde el hastío generado por el propio dinero que podríamos llamar: la obscenidad del privilegio. Se topa con un sueño,  jugar al extremo con la vida humana. Adrenalina al máximo. En nueve capítulos, el director, nos propone ver la naturaleza del ser humano. Descarnado pero toda una fotografía. Sobrevivir es la única opción. De hecho, la idea final surgió como parte de ‘su’ propia historia al vivir apuros financieros en Corea.  

El personaje central de la serie es “Seong Gi-Hun”, protagonizado por Lee Jung-jae, tiene dos características centrales:  generosidad y creer en el semejante. Padece haber perdido un amigo en una huelga laboral cuando el empleo seguro era posible, en la Corea de décadas atrás. Una paternidad que pueda dar futuro y techo. Caminar junto a él es una narración tácita del día a día de un surcoreano. Calles humeantes de pobreza y carentes de derechos. Veredas que dibujan casas de escasos metros cuadrados donde habitan varias personas. A metros emergen los rascacielos. Remite a la misma imágen de la desigualdad argenta. Casi que podríamos estar emparentados.

Corea  del Sur tipifica una gran tragedia, en 2020 tuvo más muertes que nacimientos, en un país que tiene el récord de nacimientos más bajo del mundo. ¿La razón? La cuna donde naciste, casi un determinismo social, para todo, aún más para decidir ser padre. En Corea del Sur, el 1 por ciento más privilegiado acumula el 12,2 por ciento de la riqueza, según la OCDE. En Argentina el 10 por ciento de la población más rica pasó a percibir 19 veces más ingresos que el 10 por ciento más pobre.

Con absoluto descarne lo grafica otro director surcoreano Bong Joon-ho, de “Parasite”: “Mientras más pobres eres, menos acceso tendrás a luz solar y así también es en la vida real: tienen acceso limitado a ventanas“. ¿Y por casa cómo estamos? ¿Cuál es el denominador común en el  Barrio 31? La falta de luz solar en las viviendas y espacios verdes inexistentes. Dime donde naces y te diré cuál es la pecera de tu bienestar. Con buena pluma el guión encapsula un concepto. La felicidad como consumo perimió y deviene la felicidad como virtud, el viejo amigo de la humanidad, Don Aristóteles decía  ”La felicidad resulta ser una actividad del alma de acuerdo con la virtud”. Algo así como tomar decisiones acorde a la posible plenitud que deseas adquirir.

NUEVOS PARADIGMAS

El nuevo paradigma social post pandemia dejó la vida desordenada en el mundo. La desigualdad socioeconómica de Corea del Sur que narra Hwang Dong-hyu es interpelada por el profesor indio Raj Sisodia que desarrolló la filosofía del Capitalismo Consciente en 2008 en el Congreso Forum 2021, hace días nomas, en la cual participé. Asegura que estamos obligados a repensar el capitalismo imperante. Con cero pedagogía despabila la audiencia de latinoamérica, más de dos mil personas despiertan del letargo del confort. Plantea cuatro principios “cada negocio debería tener su propósito superior. Crear valor para todos los implicados: accionistas, empleados, sus familias, las comunidades, los proveedores, el medioambiente, la sociedad. Liderazgo, no tradicional, que no esté motivado por el poder, el ego y el dinero para sí mismo, sino por el servicio a la gente y al propósito de la organización. Y la cultura de la empresa, es vital. La mayoría de las empresas son disfuncionales y muy estresantes. Hay datos que demuestran que el 88 por ciento de los trabajadores siente que sus empresas no se preocupan por ellos como seres humanos. Cada año mueren por estrés unas 600.000 personas en China” El profesor insiste “El pecado se comete cuando el empresario sólo piensa en la maximización del beneficio. Éste se debe sacrificar en ocasiones para cambiar el modelo de empresa, y con ello mantenerse vivos.” y mientras tanto resuena en mi mente el ranking Pandora Papers que tiene como figura central la evasión fiscal, ocupamos el tercer puesto, después de Rusia y de Gran Bretaña.

SED DE GRATITUD

El líder y cráneo, en la ficción, es un anciano millonario que confiesa que producto de su hastío necesitaba volver a la infancia donde era feliz. Algo tan simple como “vivir” y dice, “ Los millonarios y los pobres tenemos algo en común. Vivir”. El díalogo se da con el personaje principal, que en su esencia, habita la gratitud. 

Sin embargo, la gratitud es parte esencial de la felicidad. Lo asegura Tal Ben Shahar, desde la “Ciencia de la Felicidad” de la universidad de Harvard, y una de las voces más destacadas del Congreso para líderes del mundo. Pone un claro ejemplo, “hay una característica en los países más felices del mundo y son las relaciones sociales. Colombia,  Australia, Israel, son culturas que valoran las relaciones interpersonales. En Estados Unidos y muchos otros países ricos, las relaciones han pasado a un segundo plano frente al éxito material.” Y agrega más alertas ante el nuevo paradigma social: el valor del tiempo y su calidad. Y un detalle, no menor,  ante tanta pantalla abierta “no estar constantemente atentos a los medios de comunicación. Para cerrar suma,“La gratitud, la aceptación de las emociones dolorosas, la práctica de ejercicio y el tiempo de calidad con las personas que nos importan son algunas de las miradas que nos invita apostar. 

Por suerte ninguna se compra. Solo habita si decidimos regarlas. En la pecera ningún ser vivo es feliz, carece del derecho fundamental. Vivir. 

Por Sara Di Tomaso

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