Argentina construye sus tragedias

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La guerra en Europa pone en riesgo la seguridad alimentaria global, que antes de la pandemia ya era frágil. Ucrania y Rusia representan el 29 % de las exportaciones mundiales de trigo y el 62 % de aceite de girasol. La inseguridad alimentaria hoy es un problema global, sin embargo en el 2020 mas de 800 millones de personas padecieron hambre. ¿Podríamos utilizar este contexto global como una oportunidad para Argentina?

Olor a caramelo

“Salíamos con mi hermana a buscar papeles de caramelos en el piso para poder olerlos. Quien vivió el hambre no lo olvida.” Mayra Arena, autora de ¿Qué tienen los pobres en la cabeza? de Villa Caracol, en Bahía Blanca explica en voz propia la pobreza.  Y agregó “El argentino tiene mucho miedo de caer en la pobreza y erróneamente lo lleva a odiar a los pobres. También hay gente que no odia pero le duele demasiado y prefiere mirar para otro lado.

Las declaraciones de Arena son antes de la pandemia pero siempre tienen vigencia. Y antes del cisne negro de Don Vladimir Putin que puso el mundo a sus pies. La alimentación y la energía son sus grandes tiranos, y por supuesto los aliados que supo construir. El poder se teje con poder. Hasta acá, sumando la Pandemia, la pobreza en Argentina la íbamos atando con alambre. Si el Estado no estuviese presente por medio de las transferencias directas como son los planes sociales la pobreza superaría el 50 por ciento y la indigencia el 20 por ciento, así lo estima el Observatorio de la Deuda Social Argentina.

Pero la alerta mundial puso luz roja ante la portada de la  Revista británica “The Economist” y sus espiguillas de trigo reportando la muerte de la seguridad alimentaria. O sea, ya no se iban a morir de hambre los de siempre, sino los que nunca habían imaginado la escasez de un arroz, el resto del mundo. Es decir, como bien explica hace décadas,  Jean Ziegler, sociólogo y relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación, «De todos los Derechos Humanos, el derecho a la alimentación es sin duda el más constantemente y más ampliamente violado en nuestro planeta. Una sexta parte de los habitantes del planeta padece permanentemente hambre.” pero Europa no es América Latina y menos aún África que es la parte del mundo que poco miramos y justamente donde más aumentó el hambre en 2020. También donde hace cinco décadas la viruela del mono es endémica pero saltó a Europa y fue noticia hace horitas nomás.

Polenteros Mundiales

La fragilidad alimentaria de Argentina se topa con el escenario global de catástrofe alimentaría tal como advirtió Antonio Guterrez, Secretario General de Naciones Unidas ante la nobleza británica “The Economist”,  “El alto costo de los alimentos de primera necesidad hizo que se dispare de 440 millones a 1600 millones el número de personas que no tienen garantizada su alimentación básica. De ellos, casi 250 millones están al borde de la hambruna”, como consecuencia el gobierno de Reino Unido anunció una inyección de 19.000 millones de dólares para ayudar a los hogares más pobres financiado por un impuesto de hasta el 25% a la renta extraordinaria provenientes de las empresas energéticas. En Argentina se intentó algo similar y fue el propio Ministro de Economía Martín Guzmán que lo anunció el 18 de abril, y lo intituló “renta inesperada” junto al Presidente, pero lo inesperado fue su ejecución. Aún no lo vimos nacer. 

Para entender si podríamos tomar esta tragedia alimentaria mundial como una oportunidad para Argentina consultamos a Ianina Tuñon, Socióloga e investigadora a cargo del Barómetro Social de la Infancia en UCA,  “No nos hemos preparado para ser competitivos para escenarios como estos, ni para otros que no lo eran tantos. Prepararnos para ser competitivos requiere de procesos de inversión, innovación para que sea posible la exportación. Claramente no hemos trabajado para eso.” Y a la vez le preguntamos si consideraba pertinente una salida de coyuntura como hizo Inglaterra con la “renta extraordinaria”, “Creo que es favorable para la Argentina en la medida en que tenemos claro que vamos hacer con esas rentas extraordinarias. Porque si vamos hacer mas de lo mismo, deberíamos tener claro que no ha tenido la respuesta esperada. Hemos fracasado sistemáticamente”. 

Al pasado, respeto

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ( FAO) América Latina es la región más cara del planeta para alimentarse en forma saludable con nutrientes, verduras y cereales y a la vez, como otra tragedia evitable, es una región de gran desperdicio de comida. Por las dudas recordemos que Argentina es parte de este combo, alimentos caros, para pocos y con alto porcentaje de desperdicio. Insólito, pero real.

¿Tal vez el miedo a cambiar nos lleva hacer más de lo mismo que por lógica nos aportará respuestas parecidas en las que ya fracasamos?.

“Iosi, el espía arrepentido”, un caso real de investigación periódistica que llevó dos decadas de trabajo. Excelente.

Volver al pasado a veces duele, pero tiene recompensa. Nos hace entender como construimos nuestras tragedias de hoy. Mayra Arena creció en la Argentina de los noventa, década muerta para la Educación Técnica, se desintegró por decisión política, aunque ibamos a tocar la estratósfera. Hoy no tenemos recursos técnicos. Hay una serie impecable para ver en Amazón Prime Video: “Iosi, el espía arrepentido”, un caso real de investigación periódistica que llevó dos decadas de trabajo. Excelente. En ella podemos comprender las consecuencias del tráfico de armas que nos dejó enlutada la década. Y tal vez la podemos cerrar con el documental, El Fotografo y el cartero, en Netflix que nos trae el asesinato de “Cabezas”. Ambas con el mismo factor sanguineo: violencia, armas, muerte y estructuras de poder facilitadoras. El ayer no es nefasto si lo capitalizamos. Pero como somos constructores de tragedias, en el el umbral del 2023 y sin empacho, hay candidatos que abrevan el uso de las armas, y la reducción a un Estado mínimo. Eso, Argentina, un país, condenados al éxito.

Por Sara Di Tomaso

4 Comments

  1. Excelente nota! Lo del olor a caramelo me hizo acordar a unos niños en el Chaco que hace muchos años me contaban que cuando tenían mucha hambre le ponían un poco de azúcar a la tierra y se la comían. Qué dolor!
    Pasan los años y las cosas no cambian.
    Gracias Sara por seguir hablando de esto. No podemos seguir así!

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